-->

martes, febrero 3

Atacar sin miedo

A veces un kenshi se pone frente a ti y no sé, piensas: bien, voy a ir a por todas. O derivados; cualquier frase que nos empuje a hacer un kendo elegante y competente. Otras veces, y me ha pasado más de las que voy a reconocer públicamente, he tenido delante a alguien que me ha inspirado mucho miedo. Lo primero que pienso en esos casos es que quiero desaparecer de allí. Esta idea es como una estrella fugaz en mi mente. Viene, se va y deja una estela de inseguridad que se plasma en mi kendo apenas un instante después. Así, me veo a la defensiva, esperando, esperando y esperando... ¿qué? Mis brazos se agarrotan, las piernas no se mueven, la cadera no va hacia delante, los pies se mueven en círculos. En definitiva: no estoy haciendo lo que sé hacer. Mi cabeza se está preocupando por cosas inútiles, como qué hará mi contrincante cuando yo haga otra cosa, o qué pasaría si yo hiciera presión para men y luego diera do, por ejemplo. Diría que lo visualizo en segundo plano, pero al mismo tiempo me distrae. Estar a la expectativa no es lo mismo que crear la oportunidad y aguardar al momento exacto. Supongo que un buen kendoka es tanto el que gana pronto como el que gana en los últimos treinta segundos; el primero porque las circunstancias le han hecho ser resolutivo y el segundo porque ha estudiado al oponente hasta que ha encontrado la brecha.

Me costó años librarme de ese miedo tonto, y creo que vuelve con fuerza cuando estoy de bajón mental o físico, pero sobre todo mental, porque es la cabeza la que genera todas las dudas. El seme de mi compañera puede ser la hostia, y sí, realmente puede romper mi centro con una entrada potente, pero no tiene por qué suceder. Da igual lo que me haga sentir, yo tengo que sobreponerme a ello. Generar una energía de respuesta igual o mayor, y en absoluto caminar por senderos que lleven a la derrota. Y ya no estoy hablando de puntuar. El miedo paraliza o empuja. No pueden ser las dos a la vez. Si siento que me bloqueo, me obligo a dar un paso hacia delante. De repente estoy en su distancia de ataque. Ahora cuerpo, mente y shinai tienen un nuevo desafío: resolver la situación. No hay lugar para el miedo porque el miedo surge de la indecisión, también como respuesta natural a lo desconocido.

Si tuviera que imaginar la incertidumbre, la describiría como niebla. No ver nada más allá de tu nariz. Eso puede pararte o puede impulsarte. Estar en la niebla es una sensación desagradable que creo que compartimos todos: no saber qué hacer en situaciones (¡o etapas!) concretas. En una competición, que el kenshi se cierre en banda; en clase, que tu compañero no esté siendo un buen motodachi; en la vida, que un golpe nos impida continuar. Lo bueno y malo del kendo es que ese kenshi fuerte y ese compañero despistado puedo ser yo en diferentes días, y esa vida tocada, la mía.

No hay comentarios :

Publicar un comentario