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domingo, junio 14

Sé un buen motodachi

Tras el seminario de Hanazawa-sensei y Zago-sensei (de quien eché muchísimo de menos sus consejos y sus desplazamientos con cadera hasta la extenuación) descargo parte del equipaje kendoka y cojo nuevas cosas, virtudes y fallos, para continuar trabajando en ellos allá donde esté. También le digo adiós a abril con experiencias que todavía sigo rumiando. No soy la primera persona ni seré la última que recibe consejos de kenshis menos experimentados, ni tampoco en recibirlos de manera poco agradable. Me parece importante hacer un alto en el camino y considerar el proceso emocional, que siempre lo hay. En el mejor de los casos es un asentimiento de indiferencia y a otra cosa, pero cuando no, conviene explorarlo.

Lo primero que sentí fue rabia. Me vi preguntando mentalmente a esas personas: ¿quién eres tú para decirme eso a mí? Viendo, primero, que no se aplicaban lo que decían, y segundo, que su labor de motodachi estaba entorpeciendo mi propio trabajo. Recuerdo el momento como un chispazo de furia e incredulidad: ¿cómo era posible aquello? Yo, que estaba intentando conciliar sus errores con los míos, sincronizar el ritmo..., en definitiva, activar el aiki, de repente me doy de bruces con una situación incómoda. Kendo me ha ayudado a aceptar de buen grado las críticas. Quien bien te quiere, te hará mejorar, así que no merece la pena pensar que mis compañeros van a criticarme sin fundamento, y menos aquí, donde los consejos se acercan más a apreciaciones personales de lo que proyectamos en los demás. Y aun así sentí rabia porque no solo chocamos con nuestra forma de hacer kendo, sino con la forma de concebirlo.

Pero ¿quién eres tú para decirme eso a mí? tiene otras implicaciones: orgullo, trayectoria, falta de humildad, reflexiones y preguntas. Orgullo porque sentí que ellos no estaban en condiciones de criticar nada; trayectoria porque los años son buenos avales de la experiencia; falta de humildad porque en el momento no fui capaz de ver ni buena intención ni sabiduría en sus palabras, solo que alguien intentaba limitarme; reflexiones porque de estos encontronazos siempre te llevas algo, moratones incluidos; y preguntas, y aquí es donde realmente me gustaría pararme, porque lo importante no radica en la discusión, sino en ideas como: ¿por qué infravalorar los comentarios de un kenshi de nivel inferior? ¿Nos vemos con derecho a esa, digamos, supremacía? Y al contrario: ¿no es normal picarse cuando deberían respaldarnos todos los años de entrenamiento y todas las experiencias? ¿Un kyu no puede toser a un quinto dan pero sí a un shodan? ¿Y si ese shodan carga con mucho más equipaje que el kyu y este no lo sabe y está actuando con condescendencia? ¿Y si ese kyu ve con más claridad precisamente porque mira desde la simplicidad?

No sé. 

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