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lunes, enero 2

Mae

Kendo no lo es todo. De hecho, es solo una vía para el resto de elementos de mi vida: amistad, superación, amor, actitud, carácter. Kendo es el puente que conecta estas áreas, formando una especie de red neuronal o galaxia que alberga estrellas que albergan planetas que albergan vidas y recuerdos en su interior; me permite conectar islotes a una distancia a veces remota, a veces cercana, pero siempre abstracta. Subconsciente. ¿O subyacente?


El enfoque del kendo como medio y no como unidad en sí mismo funciona, al menos a mí. No tiene por qué compartirlo; es su belleza, así funciona. Antes solía pensar que el kendo era un pilar de mi vida tan grueso que podría sostenerlo todo, incluso a una misma, en épocas cercanas a la rendición; esta idea desencadena una cantidad de frustración elevada que resquebraja el kendo. Agrieta los puentes. Esta idea (una sola cosa aguantará lo demás) es inviable. Si quieres que el puente aguante, reparte el peso en varios lugares. Si quieres que el puente dure, constrúyelo con el material adecuado. Si quieres seguir entrenando durante muchos años, no dejes que el kendo soporte tu kendo. Es todo lo precisa que puedo ser.

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